Diferencias entre la yarará y la falsa yarará, por un especialista

Adelmar Funk, director del Zoo de América, en la provincia de Buenos Aires, nos acerca una explicación notable:




Ante todo, prevención: cómo evitar accidentes con ofidios

Información divulgada por el diario santafesino El Litoral. Clic sobre la imagen para ampliar:

Especies presentes en la provincia de Santa Fe

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Una mirada científica sobre las serpientes de la provincia de Buenos Aires


Una isla de biodiversidad. Así son consideradas por los científicos las Sierras Australes del sudoeste de la Provincia de Buenos Aires, en cuyas singulares condiciones ambientales se encuentra la concentración más grande de especies de serpientes bonaerenses, según lo determinado por científicos de la Universidad de La Plata a través de un estudio que pone el foco en ese escenario para estudiar la biología, los hábitos, la relación entre comunidades y las áreas prioritarias para la conservación de las víboras más características de la Provincia.

De acuerdo al portal QuilmesPresente, entre esas serpientes detectaron especies amenazadas, como la culebra pampeana, un ícono de los ecosistemas de la región serrana hoy jaqueada por la expansión de la actividad del hombre.

Y también registraron en cantidades calificadas como "muy abundantes" la presencia de especies peligrosas, tales como la yarará grande, responsable del mayor porcentaje de casos de ofidismo en la Provincia.

En total, los investigadores de la UNLP llevan detectadas 13 especies y subespecies de ofidios en la zona, lo que representa el 45% del total de las registradas en el territorio provincial, según destaca Jorge Williams, jefe de Herpetología de la Universidad de La Plata.

"Esta profusa presencia nos está hablando de un ambiente relativamente bien conservado en el marco de una de las áreas más alteradas del país por la intervención del hombre, como es la Provincia de Buenos Aires. Es por eso que allí podemos encontrar serpientes endémicas con una adaptación muy especializada a las condiciones de la zona que hacen a esta región especial para el estudio y seguimiento de los ofidios", indicó el especialista.

Hacia un mapa de serpientes bonaerenses
Junto a las Sierras Australes del sudoeste bonaerense -una unidad orográfica también denominada provincia geológica de Ventania y que está formada por las sierras de Puán, Pigüé, Bravard, Curamalal, La Ventana, Las Tunas y Pillahuincó- las otras regiones provinciales con fuerte presencia de ofidios son la zona del delta del Paraná, en el noreste, y la región de la Bahía de Samborombón -zonas anegadizas donde se conserva el humedal pampeano típico- junto a buena parte de la costa bonaerense, aquella donde es menos intensa la actividad del hombre.

"Mientras en el caso del Delta, las especies llegan desde el noreste del país, las que se establecen en las Sierras Australes ingresan a la Provincia por el oeste, provenientes de geografías más áridas y secas. Esto, sumado a las particulares condiciones del ambiente, determina la presencia de un conjunto que forma una comunidad de especies bien diferenciable", explica Diego Di Pietro, de la Comisión de Investigaciones Científicas y otro de los investigadores a cargo del estudio.

Estas particulares condiciones del ambiente, propias de una formación comprendida en el distrito más frío y seco de la Provincia Fitogeográfica Pampeana y de un relieve derivado de levantamientos intermitentes que comenzaron en el Terciario superior formando un plegamiento puro de cumbres de más de 1.200 metros, generan condiciones particulares a las que se adaptaron -entre otras especies animales y vegetales- varias clases de serpientes.

A través de campañas periódicas en los partidos de Saavedra, Coronel Suárez, Tornquist y Coronel Pringles, los investigadores platenses determinaron la presencia de 13 especies y subespecies de ofidios y pusieron el foco en la abundancia, distribución geográfica, estado de conservación y aspectos de la ecología de esas comunidades.

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Los primeros datos obtenidos a través de los relevamientos -que siguen actualmente para estudiar la biología reproductiva y hábitos alimentarios de los ofidios- muestran que una de las especies típicas de la región, al punto de ser considerada "icónica" por los especialistas, se encuentra amenazada.

Se trata de la popularmente conocida como "culebra pampeana", cuyo nombre científico es Lygophis elegantissimus, cuya población se ve reducida por diversos factores, entre otros, los aplastamientos por parte de vehículos y de los animales (caballos y vacas) presentes en la región debido a la actividad ganadera.

"Lo importante de este dato es que la reducción de esta especie, que se alimenta de lagartijas ranas y sapos, repercute en el ecosistema y en la cadena trófica cuando se ve afectado su rol de control biológico de otros integrantes de esa cadena. Por otra parte, al tratarse de especies endémicas (propias de la zona), con una alta especialización en ese lugar, cualquier alteración del medio ambiente, por mínima que sea, las afecta. Lo que nosotros hacemos en estos casos es suministrar la información obtenida a los organismos competentes y, cuando se considera necesario, se crean reservas para protegerlas", señala Di Pietro.

El otro dato saliente de la investigación fue el hallazgo de una alta cantidad de serpientes venenosas, pertenecientes a las especies popularmente conocidas como yarará grande y yarará ñata.

Según indica Di Pietro particularmente en el caso de la yarará grande, según algunos especialistas responsables del 80% de los casos de ofidismo presentes en la provincia, la presencia en la zona fue calificada como "muy abundante".

No obstante, los especialistas no hablan ni de aumento ni de expansión: en todo caso, la situación de todas las especies de serpientes se asocia más a la retracción a partir de la creciente intervención del hombre en los ecosistemas que habitan.

Junto a las Sierras Australes bonaerenses, el Delta, la Bahía de Samborombón y aquellas áreas de la costa atlántica menos intervenidas por la actividad humana son consideradas las que registran una mayor presencia de serpientes.



Las serpientes del delta del Paraná y el río de la Plata


Dueño de una variedad de fauna que atrapa, el delta siempre ha sido señalado como un espacio prolífico para el hallazgo de todo tipo de ofidios.

Por supuesto, el grueso de esas observaciones rara vez retacea temor, y no son pocos los que se preguntan más de una vez cuán riesgosa puede resultar una visita a las islas que conforman esa área rica en naturaleza prácticamente virgen.

Para tranquilidad de muchos, hay que remarcar lo habitual: que los ofidios por lo general tienden a huir ante la presencia humana, y jamás visualizan a los humanos como potenciales presas. Por ende, los encuentros son poco frecuentes. Además, el delta no se destaca por ser una zona que concentre la presencia de especies ponzoñosas.

Muy por el contrario, dentro de las variedades catalogadas como riesgosas para la salud humana la única confirmada en esa parte de la Argentina es la Bothrops Alternatus (foto, abajo), más conocida como “yarará grande”, “víbora de la cruz”, o “crucera”, dependiendo la región.


Aunque se ha detectado, siempre a modo de rareza, la incursión de algún ejemplar de coral (científicamente definida como “micrurus”), lo cierto es que las Bothrops Alternatus suelen ser las únicas identidades de riesgo que tienden a decir presente en algunos islotes o bañados.

¿Cuáles son las características de esta serpiente? Pueden llegar a medir hasta 1,60 metros, cabeza triangular afinándose hacia la punta –en color marrón oscuro o negra, cruzada por líneas blanquecinas–, cuerpo cubierto de manchas en forma de herradura en color marrón oscuro o negro –ribetes en blanco– sobre un fondo castaño, y cola gruesa que se afina de manera abrupta al llegar a la punta.

Amante de los espejos de agua, suele ubicársela en costas y pastizales cercanos a río o lagunas. De comportamiento agresivo, las Bothrops Alternatus poseen un veneno que, según el Ministerio de Salud, destruye tejidos y altera el sistema de coagulación provocando hemorragias, entre otros efectos. El envenenamiento por efecto de las yarará requiere siempre de atención sanitaria.

Pero las Bothrops Alternatus no son mayoría en el delta. Infinidad de culebras pueblan islas, lagunas y bañados, en busca de alimento o luchando por la supervivencia ante sus depredadores naturales. Un ejemplo: la culebra marrón (Clelia Rustica, foto, abajo), de poco más de 90 centímetros de longitud, completamente inofensiva, y abocada por completo a la caza de los pequeños mamíferos o anfibios de los que suele nutrirse.



El delta también funciona como base de operaciones para la culebra parda de agua (Liophis Miliaris, foto, abajo), parienta de nuestra conocida “culebra de la gente” y con la curiosa habilidad de emitir un olor nauseabundo a través de su cloaca cuando se ve amenazada.

Desprovista de toda tendencia a la mordedura, la culebra parda de agua combina, precisamente, tonos pardos con amarillos y verdes en sus escamas. Peces y anfibios se inscriben dentro de sus alimentos favoritos.



Algo parecido destaca a la culebra verdinegra (Liophis Poecilogyrus Sublineatus), que también elige el delta para pasear sus casi 80 centímetros de longitud.

Dotado con escamas verdosas y amarillas, y un vientre negro, este ofidio también tiene predilección por las costas de ríos o lagunas. Carente de potencia ponzoñosa, la culebra verdinegra (foto, abajo) suele ensanchar el cuello para intimidar a sus potenciales enemigos.



El delta también es un espacio fértil para la proliferación de dos farsantes: la ojo de gato o “falsa yarará” (Thamnodynastes Hypoconia, foto, abajo), y la directamente “falsa yarará ñata” (Lystrophis Dorbignyi). La primera mide hasta 70 centímetros, posee un dorso entre castaño claro y rojizo, manchas en forma de “x”, y pupila vertical –lo cual alienta la confusión–.



En el caso de la “falsa yarará ñata” (foto, abajo), esta rara vez alcanza los 80 centímetros de longitud, posee una cabeza semi triangular, y escamas que combinan dibujos en marrón oscuro, bordes claros, y matices en negro.



Al momento de verse amenazadas, ambas variedades responden imitando a las verdades Bothrops, esto es, enroscándose y adoptando una postura de ataque inminente. Pero lo cierto es que los dos ofidios son inofensivos.

¿Cómo diferenciarlos de los verdaderos ejemplares ponzoñosos? Como se ha detallado, la fisonomía en la mayoría de los casos alienta la confusión.

Pero todas las especies venenosas poseen una particularidad de la que carecen sus semejantes sin ponzoña: la presencia de fosetas loreales en la cabeza. Esto es, dos orificios ubicados a cada extremo del hocico del ofidio, entre los ojos y la nariz, que operan como verdaderos radares infrarrojos para estos seres vivos.

La existencia de estas depresiones es lo que permite, sin discusión, constatar si estamos o no ante un ejemplar riesgoso para la salud humana.

Yarará, culebras de todo tipo y, en circunstancias excepcionales –como puede ser una abrupta crecida del río en plena Mesopotamia– alguna que otra boa curiyú, son parte de la fauna que puebla el sorprendente ecosistema del delta. Conocerlo sin prejuicios, y saber valorar y respetar su riqueza, son las obligaciones que nunca deben quedar olvidadas.


Patricio Eleisegui
ofidiosargentinos@gmail.com



Foto Bothrops Alternatus: Carlos Dias Timm
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